lunes, 28 de marzo de 2011
PONER A TRABAJAR LA CURIOSIDAD
El Museo a través de su estructura pedagógica interactiva, se convierte en un emisor de mensajes y estímulos para los visitantes. Su principal objetivo es despertar el interés sobre ciertos conocimientos influyendo de manera positiva en su modo de vida. ¿Por qué seremos tan curiosos? El equipamiento que traemos de serie los humanos es francamente limitado. No tenemos garras poderosas, no somos demasiado veloces y nuestro olfato es más bien modesto. Sin embargo, aquí estamos y nuestro éxito como especie ha sido bastante notable. Lo cierto es que somos tremendamente flexibles e innovadores y llama poderosamente la atención la insaciable curiosidad que nos anima. Se diría que la curiosidad es un mecanismo esencial de nuestro programa de supervivencia. La curiosidad es un requisito de la exploración y del diseño de soluciones innovadoras. Somos tan curiosos los humanos que incluso cuando no tenemos sobre qué indagar nos inventamos problemas. Los museos interactivos no son los únicos que explotan esta característica tan humana, pero, sin duda, son verdaderos maestros en el arte de poner a trabajar la curiosidad. Y en ello estriba también parte de su éxito. Hay una clara evolución en lo que respecta a la finalidad de los museos: mostrar, demostrar, ilustrar, motivar. En los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno muy interesante de convergencia entre los museos de colecciones y los museos interactivos. Podemos preguntarnos si es un lujo tener museos interactivos a nuestra disposición. Pero muy al contrario, los museos, junto a otros medios y agentes, tienen un papel estratégico en nuestros días y son equipamientos de una enorme rentabilidad social (cultural, económica y democrática). Los museos pueden desempeñar un papel muy importante. El problema de la educación pública en las variadas disciplinas es tan profundo que es fácil desesperarse. Sin embargo hay instituciones en las grandes ciudades y pequeños pueblos que proporcionan una razón para la esperanza, lugares que encienden la chispa, que despiertan la curiosidad adormecida y avivan al aprendiz que todos llevamos dentro. Si tenemos la posibilidad de ir a algún museo interactivo, podremos darnos cuenta de las miradas de sorpresa y asombro de los visitantes que corren de sala en sala con la sonrisa triunfante del descubrimiento, en general de los chicos. Esas exposiciones no sustituyen a la educación en la escuela o en la casa, pero despiertan y producen entusiasmo. Un museo interactivo inspira a un niño a leer un libro, a seguir un curso o a volver otra vez al museo. Jorge Wagensberg argumenta que «una exposición no sustituye a un libro, ni a una conferencia, ni a una clase, ni a una revista, ni a un programa de televisión, ni a una película… pero puede cambiar la actitud del ciudadano hacia todo ello». Los museos actúan, quizá sobre todo, en el ámbito de la educación afectiva, despertando o activando la curiosidad hacia cuestiones históricas, por presentarlas atractivamente o porque allí se percibe su relación con la actualidad, y mejorando la imagen pública de esta historia, que muchas veces suele parecer imposible de aprender y estudiar por lo rebuscada que resulta, pero al vincularla a momentos, ambientes y sensaciones agradables suele dejar mejores resultados. Podemos decir que museos contribuyen, en general, a crear un clima social favorable a la historia que nos forma, la investigación y la racionalidad. .::vero::.
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